Sinautorar una residencia

Cuando iniciamos la residencia nos dimos cuenta que somos incapaces de desarrollar una producción cultural que no sea “sinautoral”. Aunque no sabíamos cómo hacerlo.

En el cine, dos manifiestos y siete años de producción de películas nos habían enseñado a hacerlo. Pero ¿cómo “sinautorar” esta residencia? Y sin embargo, podíamos en la producción cultural hacer otra cosa que “sinautoría”.

Significar la sinautoría era pensarla y hacerla, porque la “sinautoría” es una materialización.  Hay obras y procesos sinautorales y cada cual es completamente diferente. Y la sinautoría no se detenta, se hace.

Significar la “sinautoria” nos llevó a perfilar estas tres “potencias”, que comenzamos a poner en juego en nuestra propia residencia, para luego atrevernos a decir que estas potencias deben ser siempre puestas en juego en una producción cultural que quiera quedar afectada de “sinautoría”.

“Sinautorar” la producción cultural requiere:

  • Evidenciar quién y cómo se ejerce el poder- para una puesta en circulación del mismo que dé paso a la colectividad.

Cine sin Autor, pone la sinautoría en el centro para desaparecer, porque la nuestra es una apuesta por situarnos en el espacio que el autor deja vacío a partir de su suicidio y por defender la potencia que se abre ahí para la emergencia de la colectividad. Lo que buscamos y el modo en el que operamos pone en riesgo los lugares desde los que venimos enunciando, los sistemas de control que nos conforman y sus parámetros de legitimación. Lo hacemos conscientes de la necesidad de revolucionar la cultura, en este momento de debacle.

  • Poner la vida en el centro devolviendo la autonomía del sujeto y su poder de autorrepresentación.

Desde una posición de parresía (decirlo todo), arriesgando la posición, desde el coraje del decir la verdad, en asamblea, reposicionando la relación de poder como práctica política de construcción de sujeto y colectividad. Ser/hacer “verdad en común”, desde las posiciones de menos poder, desde la propia experiencia, para dar lo mejor de nosotras y nosotros mismos en el encuentro productor con los y las demás.

  • Posibilitarnos construir mundo en común como colectividades productoras.

No hay sin autoría sin obra. Sin propósito común y resultado concreto. Tampoco hay sinautoría sin colectividad. Ni colectividad sin asamblea. En el cine las colectividades producen películas, filmografías progresivas. En esta residencia estamos produciendo aprendiendo a hacer “sinautoría” fuera del cine, y creando herramientas para hacerla.

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